Érase una vez un gran circo que
viajaba por todos los países y ciudades. En él actuaban equilibristas,
trapecistas y dos payasos.
Wondruhska era uno de los payasos.
Tenía un problema: no sabía reír. Lo intentaba y lo intentaba, pero no lo
conseguía. Pedía a sus amigos que le contasen chistes, que le hicieran
cosquillas... pero nada. Ni una sola sonrisa.
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Un
día, su compañero Ambrosio se compró unos zapatos horribles. Eran naranjas,
negros, grises y con cordones rosas. Wondruhska no pudo evitar una carcajada y
otra y otra. No podía parar de reír. Estuvo una semana entera riéndose y
todavía sigue.
Ahora
le llaman Wondruhskajajajaja, el payaso feliz.
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